¿Cuándo una noche de fiesta se convierte en un acto político? Quizá desde el momento en que puedes entrar a un lugar, tomar de la mano a quien te gusta, ponerte los tacones que afuera no te atreves a usar, ligar sin esconderte o descubrir que existe un espacio donde no tienes que explicar quién eres.
Con esa pregunta comienza la cuarta temporada de Es Personal, el podcast de Punto Sero, que esta vez se mete de lleno en Nuestras Fiestas: esos lugares donde la comunidad LGBTIQ+ ha bailado muchísimo, sí, pero también ha aprendido a encontrarse, reconocerse, cuidarse y organizarse.
Para abrir la temporada, Mario Bustamante conversa con Martín Cruz, al frente del icónico Spartacus de Ciudad Nezahualcóyotl, y Dave, DJ, escritor y creador de distintos proyectos de la vida nocturna queer. Tres historias distintas que terminan encontrándose en algo: para muchas personas LGBTIQ+, salir de fiesta nunca ha significado solamente divertirse.
Mario recuerda llegar a la fiesta LGBT después de crecer en un entorno restrictivo y preguntarse: ¿por qué nadie me había contado que esto existía? Ahí encontró un lugar para ligar sin tantos estigmas, conocer otras personas y comenzar a descubrirse. Martín tenía 18 años cuando entró por primera vez a un antro gay y vio cuerpos, expresiones e identidades que hasta entonces no formaban parte de su mundo.
Ese descubrimiento también explica por qué lugares como Spartacus importan mucho más allá de la pista de baile. Abierto en 1984, atravesó años de prejuicios, estigma alrededor del VIH, clausuras y redadas. Mientras incluso algunos espacios LGBT+ cerraban sus puertas a determinadas identidades, muchas mujeres trans encontraron ahí un lugar donde podían entrar, experimentar y sentirse seguras.
La frase que Martín comparte durante la conversación resume buena parte de esa historia; en resumen…todas las vidas que quieras vivir son válidas.
La noche también ha dado trabajo y libertad creativa a una comunidad que durante décadas encontró puertas cerradas en otros espacios laborales. DJs, drags, performers, artistas, productores y muchas otras personas han construido carreras alrededor de una cultura que se aprende, muchas veces, de generación en generación. Para Dave, ahí también está lo político: crear un negocio LGBTQ+ en una sociedad donde todavía existen quienes cuestionan nuestros derechos ya implica tomar una posición.
Pero cuidar la fiesta también significa mirar aquello que ocurre dentro de ella. El consumo de alcohol y otras sustancias existe y fingir lo contrario no lo elimina. Dave y Martín coinciden en la necesidad de hablar de información, prevención y reducción de riesgos sin moralismos. Los espacios nocturnos tienen responsabilidades, pero también quienes los habitamos: cuidar a una amistad, reconocer límites y saber pedir ayuda cuando algo sale mal también forma parte de la fiesta.
Es una conversación que Punto Sero, AHF México y AHF Latinoamérica y el Caribe han impulsado desde la salud sexual y el cuidado comunitario: podemos hablar de placer y prevención al mismo tiempo. Podemos bailar, ligar, disfrutar y también hacernos una prueba de VIH, conocer la PrEP y la PEP, prevenir otras ITS y tener información para tomar decisiones sobre nuestros cuerpos.
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Y entonces aparece una de las preguntas más incómodas del episodio: ¿nuestros espacios seguros siguen siendo nuestros?
La creciente presencia heterosexual en fiestas y antros LGBT+ abre una discusión que va mucho más allá de quién puede o no atravesar una puerta. Martín advierte que si quienes originalmente necesitaron esos lugares dejan de sentirse libres dentro de ellos, algo esencial comienza a perderse. Dave añade otro matiz: la diversidad implica abrir espacios, pero quienes llegan también deben comprender que ahí las personas LGBT+ no somos invitadas.
El problema comienza si una pareja vuelve a medir sus muestras de afecto, una persona trans se siente observada o alguien deja de vestirse, bailar o expresarse como quiere para no incomodar a quienes llegaron después.
Porque proteger nuestros espacios no significa solamente mantener abiertos los antros. Significa conservar la libertad que encontramos dentro de ellos. Eso también atraviesa la pregunta sobre el futuro. ¿Cómo queremos bailar dentro de diez años? Dave imagina pistas todavía más diversas en cuerpos, identidades y sonidos. Martín espera que la creatividad y los espectáculos continúen evolucionando. Ambos coinciden, sin embargo, en algo mucho más básico: necesitamos lugares donde las siguientes generaciones puedan seguir sintiéndose seguras.


Tal vez ahí está la respuesta con la que comienza esta temporada de Es Personal. La fiesta LGBT+ es política porque durante décadas nos permitió hacer algo que para otras personas parecía absolutamente cotidiano…el de encontrarnos.
Ahí conocimos amistades, amores y familias elegidas. Ahí descubrimos otras maneras de habitar nuestros cuerpos. Ahí entendimos que no estábamos soles. Y sí, ahí también bailamos hasta que prendieron las luces.

Por eso nuestra fiesta merece ser cuidada. Y mientras exista alguien diciéndonos cómo debemos amar, vestirnos, nombrarnos o vivir nuestros cuerpos, entrar a un lugar donde podamos ser quienes somos seguirá siendo mucho más que salir de fiesta.
Seguirá siendo una postura política, y es que la fiesta apenas comienza.
Mira el primer episodio de la cuarta temporada de Es Personal: Nuestras Fiestas en nuestro canal de YouTube @2puntosero, o escúchalo completo en Spotify, Apple Podcasts y tu plataforma de pódcast favorita como Es Personal de Punto Sero.
Dale play, comparte y súmate a la conversación: ¿para ti, cuándo la fiesta se convierte en una postura política?Es Personal es un proyecto de Punto Sero, con el apoyo de AHF Latinoamérica y el Caribe.
