"Es Personal" Podcast por Punto Sero

Paty Retana

Cuando México cantó por la vida

Crónica del concierto de AHF en el Día Mundial del Sida

Hay noches que no solo se escuchan. Noches en las que una ciudad deja de ser ruido, tráfico y rutina para convertirse en un abrazo colectivo y así fue la del 30 de noviembre, en el Monumento a la Revolución, fue así.

Desde mucho antes de que iniciara el Concierto por el Día Mundial del Sida, la explanada estaba despierta. La gente llegaba con brillo en la mirada, con fotos, con banderas, con nervios curiosos, con ganas de bailar, con ganas de recordar y muchas veces… con ganas de sanar. Era evidente que nadie había venido solo: incluso quienes caminaban sin compañía estaban rodeades por una comunidad que reconoce, y acompaña.

Mientras caía la tarde, los voluntarios de AHF y representantes de organizaciones aliadas se movían por el espacio con una calidez que pocas veces se ve en eventos masivos. No había prisa, había una mano extendida con cupones para pruebas VIH y tiras de condones. Una sonrisa que calmaba ansiedades. Una mirada cómplice para quienes se acercaban con dudas y pudores.

Cuando las primeras notas de música iluminaron la plaza, algo se abrió. No era solo un concierto gratuito, ni una fecha más marcada en el calendario internacional. Era un acto de memoria profunda. Era una celebración de quienes siguen aquí y un homenaje a quienes ya no están. Era una protesta envuelta en ritmo, una invitación a no olvidar, una declaración colectiva de que la vida sigue… pero que para seguir necesita justicia, información, derechos y acceso real a la salud.

Los artistas subieron al escenario uno a uno, pero no llegaron solo a llenar un horario. Muchos no pudieron evitar quebrarse al hablar de amigos perdidos, de historias que aún duelen, de silencios que pesan. Otros celebraron lo que significa vivir con orgullo, con amor, con dignidad. Hubo quien dijo abiertamente que hacerse la prueba fue un acto que le salvó la vida; hubo quien recordó que el estigma todavía mata más que el virus.

Y entre canción y canción, flotó el nombre que marcó un punto de inflexión en la noche: Lenacapavir. Una esperanza científica que hoy sigue siendo un privilegio inaccesible para millones. La multitud escuchó atenta cuando AHF recordó que la innovación no sirve de nada si solo llega a unos cuantos. Que la vida no puede depender del precio que decide una farmacéutica. Que un medicamento capaz de cambiar el rumbo del VIH no debería estar secuestrado por intereses económicos. Ese mensaje se clavó hondo. Hubo aplausos largos, de esos que parecían pedir justicia.

Un recuerdo: AHF invita a concierto gratuito por el Día Mundial del Sida 2025

La música siguió, pero algo había cambiado. Cada coro sonaba un poco más fuerte, como si la gente hubiera entendido que no estábamos ahí solo para bailar, sino para ser parte de una exigencia más grande que nosotros mismos. El Monumento a la Revolución, que tantas veces ha sido testigo de luchas, volvió a convertirse en un recordatorio de que las revoluciones más profundas nacen del cuidado, de la solidaridad y de la convicción de que todes merecemos vivir con dignidad.

Había algo profundamente humano en ver a desconocidos acompañarse en uno de los actos más vulnerables que existen. No había juicio. No había distancia. Solo comunidad. Alguien dijo en voz baja: “esto no debería pasar solo una vez al año”. Y tenía razón. Esa noche mostró todo lo que es posible cuando una causa se sostiene con amor, con compromiso y con una comunidad que no baja la cabeza.

Porque al final, el concierto no fue un cierre: fue un recordatorio de que vivir es un acto político. De que cuidarnos es un acto de resistencia. De que exigir acceso universal a tratamientos como Lenacapavir es un acto de justicia. Y de que cantar juntos, aunque sea por unas horas, puede cambiar la forma en que enfrentamos el mundo.

Si alguna vez alguien dudó de que la música salva, este concierto dio la respuesta. La revolución también ocurre cuando miles se unen para decir, con el cuerpo y con la voz, que la vida merece ser defendida.

Y esa noche, lo hicimos…Y lo seguiremos haciendo.