Cada 12 de agosto, el mundo celebra el Día Internacional de la Juventud como un llamado global a reconocer el potencial transformador de las nuevas generaciones. Pero en América Latina, ser joven también significa enfrentar desigualdades estructurales que impactan directamente en su salud sexual y reproductiva.
Hablar de juventud es hablar de deseo, de descubrimiento, de cuerpos en movimiento. Y también, de silencios que enferman. Porque aún hoy, millones de jóvenes en México y la región no reciben educación sexual integral, ni tienen acceso real a métodos de prevención ni a servicios médicos sin prejuicios.
Juventudes e ITS: la realidad sin filtros
- Según ONUSIDA, el grupo de edad de 15 a 24 años representa más del 25% de las nuevas infecciones por VIH a nivel mundial.
- En América Latina, el VIH se sigue concentrando en juventudes LGBT+, especialmente en hombres que tienen sexo con hombres, mujeres trans y personas no binarias.
- México reporta que los estados con mayor incidencia de VIH en jóvenes son Chiapas, Guerrero, Veracruz y CDMX.
Y esto no es solo una cuestión de cifras: se trata de cómo la desinformación, el estigma y la falta de acompañamiento médico interseccionan con la pobreza, la discriminación por orientación sexual o identidad de género y el racismo estructural.
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La prevención existe, pero no siempre llega
En México, la disponibilidad de herramientas preventivas como condones, pruebas rápidas, PrEP (profilaxis preexposición) o PEP (profilaxis postexposición) sigue siendo desigual. Muchas veces, los centros de salud no cuentan con personal capacitado para atender a juventudes LGBTIQA+ sin prejuicios, o niegan servicios por edad, apariencia o estatus socioeconómico.
Además, la cobertura de educación sexual sigue siendo limitada. Solo 1 de cada 4 jóvenes mexicanos entre 15 y 19 años recibe información completa sobre ITS, VIH y consentimiento.
Lo que sí funciona: prevención con enfoque comunitario
Organizaciones como AHF Latinoamérica y el Caribe, en alianza con colectivos, escuelas y universidades, han demostrado que cuando los servicios se acercan a las juventudes —en sus lenguajes, en sus espacios, con su voz—, la respuesta mejora.
Los programas de testeo móvil, distribución de condones gratuitos, talleres de autocuidado, acompañamiento emocional y acceso a PrEP en contextos seguros y afirmativos son clave para frenar las infecciones.
La juventud no es un riesgo, es una oportunidad.
Prevenir ITS y VIH no se trata solo de dar condones, sino de crear espacios donde la salud se viva sin miedo, con placer y con libertad.
