Hubo un tiempo en que ir al psicólogo se decía en voz bajita, como si admitir que algo dolía por dentro fuera un fracaso personal. Y algo parecido pasaba con el placer, el deseo y la salud sexual, hoy hablamos más de salud mental, pero todavía nos cuesta entender que el placer también pasa por la mente.
Porque sí, hablamos más de ansiedad, de depresión, de burnout o de trauma. Compartimos memes sobre “la responsabilidad afectiva” y repetimos frases sobre sanar. Pero cuando se trata de conectar la salud mental con la salud sexual, seguimos actuando como si fueran mundos separados.
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Este Día del Psicólogo vale la pena decir que nuestra forma de vivir el deseo, el placer, los vínculos y hasta el cuerpo está atravesada por la salud mental. La ansiedad no se queda en la cabeza, la depresión también se mete a la cama, y el miedo, la culpa, el rechazo y la violencia terminan impactando cómo nos relacionamos con otras personas… y con nosotrxs mismxs.
En la comunidad LGBTIQ+, esta conversación todavía pesa más, porque crecer sintiendo que algo de ti “está mal”, aprender a esconder partes de quien eres o vivir bajo estigma constante deja marcas emocionales reales. No es casualidad que distintos estudios hayan encontrado mayores niveles de ansiedad, depresión y pensamientos suicidas entre personas de la diversidad sexual y de género cuando viven rechazo familiar, discriminación o violencia social.
Y aun así, seguimos tratando la salud sexual y la salud mental como temas separados, muchas veces hablamos del VIH sin hablar del miedo, de prevención sin hablar de autoestima, de placer sin hablar de trauma. Pero la realidad es mucho más compleja.
Hay personas que dejan de hacerse pruebas por miedo al diagnóstico, hay quienes sostienen relaciones que les lastiman porque creen que es lo único que merecen, quienes viven el sexo desde la culpa, desde la desconexión o desde la necesidad constante de validación. Y también hay personas que descubren en terapia algo profundamente poderoso: que cuidarse no empieza en el condón… empieza en cómo se sienten consigo mismas.
Por eso la salud mental también es prevención.
Ir a terapia no resuelve mágicamente la vida, pero sí puede abrir preguntas importantes. ¿Qué tanto escucho mis límites? ¿Por qué me cuesta pedir ayuda? ¿Qué heridas sigo cargando en mis vínculos? ¿Desde dónde estoy buscando afecto o placer?
Y quizá ahí está una de las cosas más valiosas del trabajo psicológico: ayudarnos a entender que merecemos vivir desde un lugar menos roto, menos silencioso y menos solo.
En el Día del Psicólogo, también vale la pena reconocer a quienes sostienen procesos emocionales en una época donde la salud mental atraviesa crisis profundas, especialmente entre juventudes LGBTIQ+, personas trans y comunidades históricamente discriminadas, personas que acompañan duelos, violencias, diagnósticos, ansiedad, culpa y miedo… muchas veces en sistemas donde el acceso a la atención emocional sigue siendo limitado.
Desde Punto Sero seguiremos insistiendo en que cuidar la salud sexual también implica cuidar la salud mental. Y ninguna de las dos debería vivirse desde el miedo o el estigma.
Si necesitas acompañamiento emocional, información sobre salud sexual o servicios gratuitos y confidenciales, puedes acercarte a AHF México y AHF Latinoamérica y el Caribe. Porque pedir ayuda también es una forma de cuidarte.
