Entre la autoaceptación y la obsesión por la perfección, amor propio.
La relación con nuestro cuerpo es una historia en constante construcción. Nos enseñan a amarnos tal y como somos, pero al mismo tiempo nos bombardean con estándares inalcanzables de belleza. En este episodio de Es Personal, conducido por Paty Retana (@laretanapaty) y con la presencia del cirujano plástico Dr. Alan Vega (@dr.alanvega), exploramos el impacto de la cirugía estética en nuestra identidad y la delgada línea entre la mejora personal y la obsesión.
La cirugía plástica puede ser una herramienta de empoderamiento o una respuesta a la presión social, pero… ¿dónde está el límite?
¿Por qué nos cuesta tanto aceptar nuestro reflejo?
La sociedad nos impone reglas no escritas sobre cómo debemos vernos: una piel sin arrugas, un cuerpo tonificado, una nariz “perfecta”. Sin embargo, el Dr. Alan Vega nos recuerda que la cirugía plástica, cuando se hace de manera consciente, puede mejorar la calidad de vida de la persona.
“Hay un mal concepto en eso de que ‘tienes que aceptarte tal como eres o envejecer con dignidad’… No veo nada de indigno a querer mejorar tu apariencia si eso te hace sentir bien. Es como bañarse, arreglarse o usar perfume”, explica el especialista.
Para muchas personas, una intervención estética no es solo una cuestión de vanidad, sino una oportunidad de sentirse cómodes en su propia piel. Si bien la cirugía plástica puede ser una aliada del amor propio, también puede volverse una prisión cuando se convierte en una búsqueda interminable de perfección.
Hablamos de dismorfia corporal, un trastorno en el que las personas nunca están satisfechas con su imagen y constantemente buscan corregir “defectos”, es una de las mayores preocupaciones dentro del campo de la cirugía estética.
“He tenido pacientes que, después de dos o tres cirugías, siguen sin verse bien. No es un problema físico, sino psicológico. Por eso, en mi equipo siempre contamos con un psicólogo que valore a cada paciente antes de una intervención”, explica el Dr. Vega.
Y es que la cirugía debería ser el último paso en un proceso de aceptación y bienestar, no la primera opción, subraya nuestro invitade.
La cirugía plástica en la comunidad LGBTIQA+
Dentro de la comunidad LGBTIQA+, la cirugía plástica ha jugado un papel clave en la afirmación de identidad, especialmente para personas trans. Desde la masculinización del rostro hasta las cirugías de reasignación de género, estos procedimientos pueden ser una herramienta de validación y autenticidad.
Sin embargo, el acceso a cirugías seguras sigue siendo un problema. Muchas personas recurren a procedimientos clandestinos con materiales peligrosos debido a la falta de información o recursos.
“Hay mercenarios de la medicina que ofrecen procedimientos con sustancias inyectables no seguras. Es desgarrador recibir pacientes que ya han pasado por un viacrucis de procedimientos fallidos”, denuncia el Dr. Vega.
La recomendación es clara: investigar, acudir con cirujanos plásticos certificados y evitar prácticas riesgosas. En México, el Consejo Mexicano de Cirugía Plástica y Reconstructiva tiene una lista de especialistas avalados para garantizar la seguridad de los pacientes.
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¿Cirugía plástica por amor propio o por presión social?
El reflejo en el espejo puede ser nuestro mayor aliado o nuestro peor enemigo. ¿Quién no ha soñado con cambiar algo de su apariencia? Un pequeño ajuste aquí, un toque allá. No es sólo vanidad, es el anhelo de sentirnos cómodos con la imagen que proyectamos.
Y en la comunidad LGBTIQA+, donde la autoimagen ha sido tantas veces cuestionada y violentada por los estándares impuestos, el deseo de modificar nuestro cuerpo nace de una necesidad profunda de afirmación y pertenencia.
El Dr. Alan Vega nos revela un estudio que desafía las ideas preconcebidas. En una investigación realizada en Estados Unidos, tres grupos de personas con depresión fueron analizados. Un grupo recibió tratamiento con antidepresivos, otro fue tratado con placebo y el tercero se sometió a un procedimiento estético con bótox.
Los resultados fueron impactantes. Las personas recibieron bótox mostraron una mejoría más rápida en su estado emocional. ¿Por qué? Porque el simple hecho de ver un reflejo más amable en el espejo cambió su percepción sobre sí mismas.
Aquí es donde surge la gran pregunta: ¿la belleza realmente viene de adentro o lo que vemos afuera nos condiciona más de lo que queremos admitir? ¿Querernos significa aceptar todo tal cual es o permitimos la posibilidad de un cambio que nos haga sentir mejor?
La respuesta no es tan simple. El problema no es querer mejorar tu imagen, sino el motivo detrás de ese deseo. La cirugía plástica y los procedimientos estéticos no deben ser una forma de encajar en un molde que nos oprime, sino una herramienta para sentirnos en paz con nuestro cuerpo.
“Cuando una persona llega a consulta pidiendo cambios drásticos, lo primero que evaluamos es si lo hace por deseo propio o por presión social”, explica el Dr. Vega.
Pero aquí es donde se enciende la alarma. ¿Cuándo deja de ser una búsqueda de bienestar y se convierte en una obsesión? La dismorfia corporal es un trastorno real, devastador, y afecta profundamente a la comunidad LGBTIQA+. No es solo no gustarte en el espejo. Es verte de una forma completamente distorsionada. Es someterse a procedimientos una y otra vez sin sentirte satisfecho.
La cirugía no puede ser la solución a un problema de identidad. Si lo que buscas no es verse mejor, sino escapar de ti mismo, el bisturí no es la respuesta.
El amor propio también se cuida
Si cambiar algo de tu físico te hará sentir más seguro, hazlo, pero desde el amor propio y no desde la inseguridad. Si quieres modificar una parte de tu cuerpo, hazlo de la mano de profesionales que te guíen con ética y responsabilidad. Si sientes que el cambio nunca es suficiente, busca apoyo, porque la belleza no está solo en la piel, sino en cómo nos habitamos a nosotros mismos.
El mensaje del Dr. Alan Vega es claro: tenemos derecho a decidir sobre nuestro cuerpo. Si queremos cambiar algo, está bien. Si no queremos hacerlo, también está bien. La clave es que la decisión venga desde un lugar de autoconocimiento y no de inseguridad.
AHF Latinoamérica y el Caribe nos recuerda que el autocuidado también es salud, y eso incluye nuestra autoestima y bienestar emocional. Antes de tomar cualquier decisión estética, informémonos, busquemos especialistas certificados y, sobre todo, asegurémonos de que el cambio sea realmente para nosotrxs y no por la presión de un estándar ajeno.
Escucha este episodio de Es Personal y reflexionemos juntxs sobre el amor al físico y el impacto de la cirugía plástica en nuestra autoestima.
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