"Es Personal" Podcast por Punto Sero

Paty Retana

Orgullo de envejecer en la memoria viva | E8-T3

¿Qué significa envejecer siendo parte de la comunidad LGBTIQ+ en un país que durante décadas nos negó el derecho a existir?  ¿Qué pasa cuando el orgullo ya no solo se grita en las calles, sino que se guarda en las arrugas, en las cicatrices y en la memoria del cuerpo?

En el episodio 8 de Es Personal, Korina Corona mujer transfemenina, activista y sobreviviente  nos abre su historia con una honestidad que sacude. A sus 61 años, Korina no habla desde la nostalgia, sino desde la resistencia. Desde la certeza de que haber llegado hasta aquí ya es, en sí mismo, un acto político.

Korina ha vivido muchas vidas en una sola. Ha amado, ha perdido, ha callado y ha sobrevivido a una violencia que hoy resulta casi inimaginable para muchas juventudes diversas. Su testimonio nos recuerda que los derechos que hoy se disfrutan no aparecieron de la nada: fueron arrancados con el cuerpo, con el miedo y, en muchos casos, con sangre.

Cuando la vejez también es doblemente invisible

Envejecer nunca ha sido fácil. Pero hacerlo siendo una persona LGBTIQ+ implica una soledad distinta, más profunda. Korina lo explica con claridad: muchas personas mayores de su generación crecieron bajo una heteronorma que les negó el derecho a formar familia, a amar en público, a construir redes seguras. Las relaciones eran clandestinas, pecaminosas, castigadas desde la religión, el Estado y la sociedad.

Hoy, cuando llegan a la vejez, esa historia pesa. No hay hijes que cuiden, no hay familias que acompañen, no hay políticas públicas pensadas para quienes envejecen fuera de la norma. La soledad se vuelve cotidiana y el abandono, estructural.

Por eso nace Pintando Arcoíris, una comunidad integrada por personas adultas mayores LGBTIQ+ que hoy suma más de 40 integrantes. No es solo un grupo: es un espacio de escucha, de compañía, de reconstrucción emocional. Un lugar donde alguien te presta atención no por obligación, sino por cariño. Korina lo dice sin rodeos: no se trata solo de la edad, sino de una soledad doble. Ser mayor y ser LGBTIQ+ en un sistema que nunca nos pensó.

Hablar de vejeces diversas también es hablar de un pasado que duele. Korina recuerda con precisión los años de persecución sistemática contra las mujeres trans. Redadas, detenciones arbitrarias, tortura, abusos sexuales, desapariciones. Nombres que nunca regresaron. Historias que quedaron atrapadas en notas amarillistas y cuerpos arrojados a ríos.

Mientras que a muchos hombres gays se les insultaba o extorsionaba, a las mujeres trans se les violentaba de formas brutales y sistemáticas. La intención era clara: desaparecerlas. Exterminarlas. Borrarlas del espacio público.

Korina tenía poco más de 20 años cuando entendió que sobrevivir no era suficiente. Había que organizarse. Había que crear redes. Había que salir a marchar, aun cuando imprimir una pancarta era ilegal y portar una bandera arcoíris era impensable.

Fue ahí donde nació la lucha. Donde entendió que no estaba sola y que la resistencia colectiva podía abrir grietas en un sistema que parecía inamovible.

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Los privilegios de hoy tienen historia

Korina lo dice con firmeza: las juventudes diversas de hoy viven conquistas que costaron décadas de violencia y organización. Matrimonio igualitario, cambio de nombre, atención médica especializada, clínicas inclusivas. Nada de eso fue un regalo.

Las calles se llenaron de miedo antes de llenarse de orgullo. Y aunque hoy el arcoíris es visible, sigue habiendo una deuda enorme con las personas mayores LGBTIQ+.

No existen suficientes espacios seguros para las vejeces diversas. No hay casas de día comunitarias, ni centros especializados accesibles. Las pocas opciones existentes suelen ser privadas, costosas e inaccesibles para quienes han vivido toda una vida sin trabajos formales ni seguridad social.

Korina no habla solo del pasado. Habla del futuro con una claridad conmovedora. Sueña —y trabaja— para que Pintando Arcoíris se convierta en una asociación civil sólida, capaz de abrir la primera casa comunitaria para personas mayores LGBTIQ+. Un espacio donde nadie tenga que envejecer en soledad, donde se pueda socializar, aprender, sanar, crear.

Un lugar donde las historias de vida no se pierdan, donde la ansiedad y la depresión cedan ante el acompañamiento, donde la experiencia se transforme en conocimiento compartido.

Habla también de inclusión tecnológica, de talleres, de emprendimientos, de recuperar habilidades que nunca pudieron desarrollarse. De enseñar a usar una computadora, a vender artesanías, a hacer videollamadas. De entender que la tecnología también puede combatir la soledad.

En un país que envejece aceleradamente, Korina lanza una advertencia clara: si no se crean políticas públicas y proyectos comunitarios para las personas adultas mayores, el abandono será masivo. Pero también ve una oportunidad: las vejeces diversas tienen talento, historia y capacidad productiva. Solo necesitan espacios dignos.

Pide visibilidad. Pide respeto. Pide que las juventudes entiendan que el orgullo no termina con la juventud, y que nadie debería enfrentar la vejez sin comunidad.Su mensaje es una invitación abierta: acompañar, escuchar, involucrarse. Ser esos oídos atentos, esos brazos pacientes, esos vínculos que hacen la diferencia.

Este episodio de Es Personal es un homenaje a quienes resistieron para que hoy podamos existir con más libertad. Y un recordatorio urgente: cuidar a nuestras vejeces diversas es cuidar nuestra propia historia.

🔗 Proyecto de Punto Sero, con el apoyo de AHF Latinoamérica y el Caribe.
🌐 puntosero.org | ahflatamycaribe.org

Para quienes quieran acercarse, acompañar o sumar esfuerzos, Pintando Arcoíris mantiene abiertas sus redes como un espacio vivo de encuentro y apoyo para las vejeces diversas. Puedes encontrarlos en Instagram y Facebook como @2pintandoarcoiris, donde comparten actividades, convocatorias y las historias que están reconstruyendo en comunidad. 

También están disponibles para contacto directo en el correo electrónico [email protected] y en el teléfono 55 72 14 93 67, siempre con la disposición de escuchar, orientar y tejer nuevas redes de cuidado. Porque nadie debería envejecer en soledad, y cada vínculo cuenta.