"Es Personal" Podcast por Punto Sero

Ay Mostro

¿Por qué dejamos de usar condón?

Columna de opinión · Punto Sero

AL MARGEN

Quizá porque tengo la edad y la mala memoria pero recuerdo una época en la que el condón no era solo un accesorio, era una especie de pasaporte a la tranquilidad en un mundo donde el sexo venía con un riesgo que todos conocíamos porque las campañas y las noticias nos lo restregaban en la cara: “el SIDA te mata”, decían.

Eran los ochenta y la televisión abierta, esa que hoy sobrevive a base de refritos de telenovelas, nos bombardean con mensajes de prevención. Había urgencia, teníamos miedo, había campañas, y un despliegue institucional que uno pensaría que el látex era un derivado del petróleo estratégico para la soberanía nacional.

De esa época viene una imagen que se volvió casi leyenda urbana con la frase “Welcome to the world of AIDS” escrita con lápiz labial en el espejo, si, esa que vimos en la película *Bienvenido Welcome*, luego la versión en español en un capítulo de *La Rosa de Guadalupe*, y se nos quedó grabada como el recordatorio de que una noche de placer podía convertirse en una sentencia, nos educaban a base de terror.

Hoy el silencio parece permanente…más allá de lo que hace AHF Latam y Caribe, yo no recuerdo cuándo fue la última vez que vi un espectacular en un parabús o en una estación del metro hablando del VIH o del uso del condón. Y no es una impresión personal, según ONUSIDA, las campañas de prevención y la distribución gratuita de condones han disminuido drásticamente en la última década. De hecho, la compra global de condones por parte del sector público cayó cerca de un 30 por ciento desde su punto máximo en 2011, mientras que las campañas educativas se redujeron hasta en un 50 por ciento, el condón, ese viejo héroe, se retiró.

Y no es que el VIH se haya ido de vacaciones. Lo que pasó es que dejó de ser un villano de película de terror para convertirse en un personaje secundario de una serie que nadie termina de ver, le perdimos el miedo. 

Hoy, sacar un condón en el momento preciso se ha vuelto una suerte de gesto anticuado. Es como pedir la cuenta antes de pedir el postre, nos causa extrañeza que alguien nos pida usar condón. Hay quien dirá, desde la trinchera del activismo “vintage”, que lo que falta es más concientización, más pláticas en escuelas, más regaños, más “Póntelo, no seas tonto”.

Permítanme disentir desde este margen. Creo que estamos disparando las balas de fogueo de 1992 a una trinchera de 2026. Insistirle a un espécimen que lleva diez años en pareja estable, o al que vive en una rotación sin fin de vínculos sexo afectivos que use condón, es como explicarle a un astronauta cómo funciona una brújula. No es que no lo sepan. Es que ya decidieron que no lo van a usar, o peor aún, que el riesgo calculado es un lujo que pueden pagar.

El verdadero abandono del látex es antropológico. Para los que hoy tienen 18 o 20 años, el SIDA es una historia de los libros de texto, un trauma prestado de homosexuales de cincuenta y más, tan lejano como el temblor de la Ciudad de México del 85 o Chernobyl. Su mapa del riesgo sexual está dibujado por tintes del *ghosting*, el consentimiento difuso en apps, o la ansiedad por el rendimiento. Frente a estos nuevos paradigmas, un pedazo de plástico lubricado les parece una solución del siglo pasado.

Y luego está el otro elefante blanco en la habitación “el cristal”

El consumo de metanfetaminas ha creado una crisis paralela donde no solo no se usa condón, sino que a veces ni siquiera se contempla la PrEP. Ahí la prevención ni siquiera llega a la mesa de negociación, es un punto ciego, grave, del que se habla poco porque no cabe en el discurso ordenado de las campañas institucionales.

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Las campañas actuales fallan no sólo por la falta de presupuesto, sino por la carencia de traducción, intentan vender miedo en una generación que ya no le teme a las consecuencias invisibles a diez años, sino al escrutinio a las funas en redes sociales. ONUSIDA advierte que la nueva generación de jóvenes no ha estado expuesta a la promoción del condón, justo cuando más la necesita .

Y mientras el condón cae en desuso por “viejo”, el PrEP se vende como alta tecnología farmacéutica, como el iPhone de la prevención, hemos pasado de la barrera física a la barrera química, y en el camino dejamos que el diálogo sobre el VIH muriera.

Los números de CENSIDA deberían sacudirnos: en México se detectaron más de 18 mil nuevos casos de VIH el año pasado. Y el 26 por ciento de las nuevas infecciones ocurre en jóvenes de 15 a 24 años. No son cifras abstractas. Son personas que probablemente nunca vieron un espectacular en el metro ni escucharon aquella frase escrita con lápiz labial en un espejo.

El reto, y lo que debería preocuparnos, es cómo hablarles a quienes creen que el VIH es una historia vieja y que la sífilis es una banda de punk de los ochenta. Mientras tanto, el único que parece extrañar la presencia constante del condón es el cajón de la mesita de noche, ese mausoleo de látex caduco donde hoy solo habitan cargadores de teléfonos obsoletos y una moneda de cinco pesos.