"Es Personal" Podcast por Punto Sero

Paty Retana

Ser niña en Latinoamérica es crecer entre riesgos

11 de octubre · Día Internacional de la Niña

Mientras el mundo celebra el futuro de las niñas, en América Latina miles siguen luchando por llegar a la adolescencia sin violencia, sin embarazos forzados y con la libertad de descubrir quiénes son.

Las cifras cuentan una historia que atraviesa fronteras, en México, durante 2024 se registraron 89,527 nacimientos de madres de entre 10 y 17 años, según el INEGI. Entre ellas había 82 niñas de apenas 10 años, 102 de 11 y 231 de 12. Son edades para jugar, aprender y descubrir el mundo, mientras sus cuerpos y sus vidas todavía están en desarrollo.

En Colombia, durante 2025 se registraron 2,967 nacimientos de madres de 10 a 14 años, de acuerdo con el DANE. En Brasil, el Ministerio de Salud documentó 17,458 nacimientos de madres de ese mismo grupo de edad en 2021. Y en Guatemala, entre enero y agosto de 2026, el Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva contabilizó 1,355 embarazos en niñas de 10 a 14 años, dentro de un total de 40,732 embarazos registrados entre niñas y adolescentes de 10 a 19 años.

¿Quién está protegiendo a las niñas mientras crecen?

Un embarazo a los 10, 11 o 12 años exige mirar más allá de la cifra, investigar posibles situaciones de violencia sexual y garantizar atención médica, psicológica y protección efectiva. Detrás de estos casos pueden existir abusos, relaciones de poder desiguales, pobreza, barreras para acceder a la educación y entornos donde pedir ayuda resulta extraordinariamente difícil.

UNICEF advierte que América Latina y el Caribe continúa enfrentando una elevada fecundidad adolescente: en 2023 se estimaban alrededor de 2.4 nacimientos por cada mil niñas de 10 a 14 años. Y el impacto también alcanza su futuro económico: un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas, publicado en 2025, calculó que el embarazo adolescente y la maternidad temprana representan 15,300 millones de dólares anuales en costos socioeconómicos para 15 países de la región.

La educación integral en sexualidad, adaptada a cada edad, permite reconocer situaciones de abuso, comprender los límites del propio cuerpo, identificar relaciones de riesgo y saber dónde buscar ayuda. Junto con servicios de salud accesibles, escuelas seguras y mecanismos de justicia, forma parte de una protección que debería acompañar a cada niña desde sus primeros años.

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Porque cuando una niña de 11 años se convierte en madre, la pregunta urgente es qué ocurrió con su derecho a vivir plenamente su infancia.

¿Y las niñas LGBT+? También están aquí

Hay niñas que, además de enfrentar las desigualdades de género, crecen escuchando burlas por su apariencia, su manera de expresarse o porque su identidad no coincide con lo que otras personas esperan de ellas.

El informe de UNICEF y la OPS publicado en enero de 2026 advierte que la homofobia y la transfobia aumentan los riesgos de acoso y discriminación para las infancias y adolescencias LGBTQ+ en la escuela y en casa. El documento recupera estudios de siete países latinoamericanos en los que entre 49% y 76% de estudiantes LGBTQ+ encuestados reportaron acoso verbal por su orientación sexual o identidad de género. Son resultados de estudios anteriores, reunidos en el informe de 2026, y no una medición de todas las infancias de la región.

Para una niña trans, crecer protegida también significa que se respete su identidad y que la escuela sea un espacio seguro. Para una niña que empieza a descubrir a quién quiere, significa poder hablar de sus sentimientos sin humillaciones. Y para todas, significa recibir educación, atención médica y apoyo emocional con dignidad.

Un día para celebrar, 364 para proteger

El Día Internacional de la Niña también debería servir para preguntarnos qué futuro estamos construyendo. Uno donde las niñas puedan estudiar, jugar, crecer, reconocer situaciones de abuso, acceder a servicios de salud y expresar quiénes son con seguridad.

La región necesita convertir esa promesa en hechos: educación integral en sexualidad, prevención de la violencia, atención a sobrevivientes, escuelas inclusivas y mecanismos de protección que funcionen.

En Guatemala, el Congreso aprobó en abril de 2026 una reforma que tipifica como violación las relaciones sexuales entre adultos y menores de edad; durante su discusión también se destacó la importancia de la educación integral en sexualidad para prevenir abusos.

Porque el futuro de una niña debería estar lleno de posibilidades, jamás condicionado por la violencia o el miedo a ser quien es, también por las niñas lesbianas, bisexuales, trans y por todas las infancias diversas: proteger sus derechos es proteger su infancia.