"Es Personal" Podcast por Punto Sero

Paty Retana

Sin medicamentos, no hay equidad sanitaria

Como vimos, no fue una protesta ruidosa, ni bloqueos de esos que nos roban tiempo en nuestro camino, lo cierto es que si lograron incomodar y colocar el tema en la mesa de discusión, y esto se logró con la entrega de más de 100 cartas que llegaron a distintas embajadas de la Unión Europea en América Latina y el Caribe, cada una con el mensaje de que “la próxima pandemia no puede volver a dividir al mundo entre quienes acceden primero a la salud… y quienes esperan”.

La acción forma parte de la campaña “UE: Basta de bloquear la equidad sanitaria”, un llamado que atraviesa fronteras y revive una herida que aún no termina de cerrar. Porque si algo dejó claro la pandemia de COVID-19, y es que el acceso a vacunas, diagnósticos y tratamiento fue profundamente desigual.

Mientras algunos países acumulaban dosis, otros apenas lograban proteger a su población más vulnerable. Mientras unos avanzaban en refuerzos, otros seguían esperando la primera oportunidad. Y esa diferencia fue resultado de decisiones políticas, económicas… y de poder.

Hoy, ese mismo escenario se está discutiendo…si,  otra vez. En la mesa internacional se negocia el sistema PABS (Pathogen Access and Benefit-Sharing System), un mecanismo que busca definir cómo se compartirán los beneficios derivados de los patógenos, es decir, el cómo se distribuirán vacunas, tratamientos y tecnologías en futuras emergencias sanitarias, y lo que se acuerde ahora es profundamente político.

Porque detrás de ese sistema está nos preguntamos  si ¿la salud será un derecho global o seguirá siendo un privilegio geográfico? 

Las organizaciones que impulsaron la entrega de estas cartas lo tienen claro. Denuncian que algunos países de la Unión Europea han frenado la creación de reglas obligatorias que garanticen acceso equitativo. En otras palabras, se resisten a soltar el control de una “fila VIP” donde históricamente han tenido prioridad.

Y eso, en un mundo interconectado, es injusto y peligroso. Desde AHF Latinoamérica y el Caribe, la exigencia trata de romper con una lógica que pone precio a la vida, que negocia tiempos de acceso y que decide quién se protege primero, con el firme objetivo de que todes entendamos que una pandemia no distingue fronteras, solo revela desigualdades.

Para la comunidad LGBTIQ+, este debate tiene un eco particular. No es la primera vez que el acceso a la salud se convierte en una lucha. La historia del VIH está marcada precisamente por la desigualdad en tratamientos, por el estigma, por la necesidad de exigir lo que debería ser básico.

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Por eso esta conversación es profundamente nuestra. Hablar de equidad sanitaria también es hablar de justicia social, de derechos humanos, de vidas que no pueden esperar a que el mercado o la política se pongan de acuerdo. Es entender que el acceso a medicamentos, a diagnósticos y a prevención no puede depender del lugar donde naciste ni del poder económico de tu país.

Las cartas entregadas no son solo un gesto simbólico. Son una advertencia. Porque lo que decida el sistema PABS definirá quién vive… y quién espera en la próxima crisis global. Y esta vez, al menos desde este lado del mundo, ya no estamos dispuestxs a quedarnos en silencio.