Vivir con VIH con una mascara muy especial, en una sociedad atravesada por el estigma ya es un desafío. Hacerlo siendo parte de la comunidad LGBTIQ+ implica, además, enfrentarse a prejuicios, silencios incómodos y desinformación que aún persisten incluso dentro de los espacios que deberían ser seguros. De eso habla este episodio 10 de Es Personal: de vivir, resistir y cuidarse sin esconderse.
En esta conversación, conocemos el testimonio del Mostro, Vik Martínez / Torgal Pub, quienes viven con VIH y que comparten su historia desde un lugar poco habitual: la honestidad radical, el autocuidado y la construcción de comunidad. No hay victimización ni romantización, hay experiencia, aprendizaje y una voz que se niega a callarse.
Y es que recibir un diagnóstico reactivo no es sencillo. Mostro recuerda ese momento como una fractura interna: la idea de muerte inmediata, la sensación de haber “arruinado” su vida y el miedo profundo a lo desconocido. Aún con información previa y hábitos de cuidado, el impacto emocional fue devastador. El virus no solo atraviesa el cuerpo, también sacude la identidad, la estabilidad emocional y la manera de verse a futuro.
Sin embargo, el contraste fue inmediato. Mientras su mente construía escenarios catastróficos, del otro lado apareció algo inesperado: contención, afecto, información clara y una red comunitaria que sostuvo cuando más lo necesitaba. Ese acompañamiento fue clave para atravesar los procesos institucionales, iniciar tratamiento y recuperar el rumbo.
Acceder al tratamiento no siempre es rápido ni sencillo. Entre trámites, errores administrativos, traslados entre sistemas de salud y meses de espera, el tiempo se vuelve una carga emocional adicional. Torgal pasó por procesos largos y desgastantes para lograr atención continua, algo que muchas personas con VIH viven en silencio.
Aun así, iniciar el tratamiento marcó un antes y un después. Recibir los primeros frascos de medicamento significó alivio, estabilidad y la certeza de que la vida continuaba. El tratamiento no borra el diagnóstico, pero devuelve control, autonomía y esperanza.
Torgan: el alter ego que libera
En esta historia Torgal muestra una identidad construida dentro de la comunidad pup y BDSM. No se trata de una máscara para esconderse, sino de un espacio simbólico que permite soltar rigideces, explorar emociones y habitar el cuerpo desde otro lugar; representa juego, ternura, vulnerabilidad y libertad frente a un “yo humano” más contenido y marcado por normas sociales.
Lejos de ser una evasión, esta identidad fue una herramienta de sanación. Desde ahí, pudo procesar el diagnóstico, hablar sin miedo, informarse y compartir su experiencia con otros. En un entorno donde el consentimiento, la comunicación y el cuidado son centrales, el VIH dejó de ser un tabú para convertirse en una conversación necesaria.
VIH, sexualidad y estigmas que persisten
Hablar de VIH sigue incomodando. Aún pesa la idea de que es consecuencia exclusiva de prácticas sexuales “irresponsables”, ignorando realidades como la violencia sexual, los accidentes médicos o la falta de acceso a información y prevención. Ese estigma no solo es injusto, también daña.
Y es que para elles, los protagonistas de este episodio, vivir con VIH no es motivo de vergüenza. El orgullo no está en el origen del virus, sino en la responsabilidad diaria de cuidarse, tomar el tratamiento, informarse y proteger a otras personas. Estar vivo, adherirse al tratamiento y compartir información también es una forma de lucha.
Indetectable = intransmisible: información que salva
Uno de los ejes centrales del episodio es la importancia de la información. Entender que una persona indetectable no transmite el virus cambia vidas, relaciones y narrativas. En comunidades donde se habla abiertamente de VIH, ITS, PrEP, condones y autocuidado, el miedo pierde fuerza.
En Veracruz, uno de los estados con mayores cifras de nuevas infecciones, lla creación de espacios comunitarios informados ha sido fundamental. Conversaciones honestas, dudas sin juicio y acompañamiento real permiten prevenir, detectar a tiempo y evitar que nadie atraviese el proceso en soledad.
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Salud integral: cuerpo, mente y comunidad
Este episodio deja algo claro: el VIH no se enfrenta solo con pastillas. Se enfrenta con salud mental, redes de apoyo, información confiable y espacios seguros. La depresión, el aislamiento y el miedo pueden ser tan dañinos como el virus si no se atienden.
Por eso, hablar de VIH también es hablar de emociones, de duelos, de culpa, de deseo y de reconstrucción personal. Nadie debería cargar esto en silencio.
Vivir con VIH no es el final. Es una condición con la que se puede vivir, amar, desear, disfrutar y construir futuro. El llamado es claro: no minimizar, no juzgar, no aislar. Somos personas antes que diagnósticos. Y dejan la tarea de hablar, informarse y acompañar para salvar vidas.
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