Hay conversaciones que suelen aparecer cuando la fiesta ya terminó, cuando alguien se sintió mal, cuando una mezcla salió distinta a lo esperado o cuando el cuerpo comenzó a cobrar factura. En esos momentos llegan las preguntas que casi nunca nos atrevemos a hacer: ¿qué consumí realmente?, ¿con qué estaba mezclado?, ¿por qué me hizo ese efecto?, ¿en qué momento dejó de ser diversión?
Y es que hablar de sustancias psicoactivas no significa promover su consumo, significa reconocer que existen, que forman parte de algunos espacios de fiesta y encuentros sexuales dentro y fuera de la comunidad LGBTIQAP+, y que el juicio o la desinformación no protegen a nadie.
Ese fue el punto de partida del episodio especial Punto Sero x Disociadxs, grabado en FARO Tláhuac como parte de un ciclo comunitario impulsado por Luis A. Solórzano para acercar información y conversaciones a una zona que con demasiada frecuencia queda fuera de las agendas culturales y de salud de la Ciudad de México.
En la mesa participaron voces de Disociadxs y Punto Sero, entre ellas Ricardo Baruch, Mendo, Drux o Andrés Portilla y Viktor Martínez. La charla recorrió generaciones, fiestas, aplicaciones de ligue, música electrónica, sexo, orgullo y una realidad básica… las sustancias que circulaban hace décadas no son necesariamente las mismas de ahora, y tampoco tenemos garantías sobre lo que contienen.
Tachas, MDMA, cocaína, metanfetamina, ketamina, poppers y las mezclas vendidas como “tusi” aparecieron en una conversación que no buscó convertirlas en tendencia ni en objeto de curiosidad. El objetivo fue desmontar la idea de creer que sabemos qué estamos consumiendo solo porque alguien nos dijo su nombre, reconocimos su color o confiamos en la persona que lo vendió o compartió.
Una pastilla con determinado logotipo no ofrece ninguna garantía sobre su contenido. Por ejemplo, un polvo rosa no corresponde a una fórmula única, hablamos de una sustancia vendida como MDMA que puede contener otros estimulantes o compuestos no declarados. Esa incertidumbre modifica tanto los efectos esperados como los riesgos.
De ahí la importancia de servicios comunitarios de análisis como Checa tu Sustancia, del Instituto RIA, que ofrece información anónima y sin estigma para que las personas puedan conocer mejor aquello que planean usar. El propio Instituto define la reducción de riesgos y daños como prácticas centradas en los derechos, la autonomía y la toma de decisiones informadas de las personas usuarias.
La reducción de daños comienza antes de la fiesta
Uno de los mensajes de la conversación fue que el cuidado no comienza cuando aparece una emergencia., al preguntarnos cómo estamos, qué pensamos hacer, cuáles son nuestros límites y quién sabe dónde nos encontramos.
Planear no elimina todos los riesgos, pero puede reducirlos, el comunicar a una amistad de confianza qué se consumió, evitar hacerlo a solas o con personas completamente desconocidas, haber comido y descansado, conservar los medicamentos habituales y reconocer el propio estado físico y emocional son medidas que pueden marcar una diferencia.
También importa abandonar la idea de que todas las personas reaccionan igual. El peso corporal, la alimentación, el descanso, los medicamentos, el estado emocional, las condiciones de salud y las sustancias mezcladas pueden cambiar profundamente una experiencia. Lo que una persona toleró no determina lo que ocurrirá en otro cuerpo.
Por eso compartir dosis, competir por “aguantar más” o repetir porque “todavía no pega” puede elevar los riesgos. Algunas sustancias tardan en mostrar sus efectos y volver a consumir antes de tiempo puede provocar una respuesta mucho más intensa de la esperada.
Mezclar no suma: multiplica la incertidumbre
La combinación de sustancias fue uno de los puntos más delicados del encuentro. El alcohol también es una sustancia psicoactiva, aunque su consumo esté normalizado, y puede interactuar con estimulantes, depresores y medicamentos.
Mezclar alcohol con cocaína, metanfetamina, ketamina, GHB u otras sustancias no permite predecir con seguridad el resultado. Algunas combinaciones pueden elevar la frecuencia cardiaca y la temperatura corporal; otras pueden disminuir el nivel de conciencia o la respiración. El consumo simultáneo de diversas sustancias se relaciona con un riesgo mayor de intoxicación y sobredosis, precisamente porque sus efectos pueden potenciarse, ocultarse o volverse más difíciles de identificar.
Existe, además, una advertencia especialmente importante para nuestra comunidad: los poppers no deben combinarse con medicamentos para la disfunción eréctil, ya que ambos pueden disminuir la presión arterial y provocar una emergencia médica. Tampoco deberíamos asumir que un medicamento prescrito es inocuo dentro de una mezcla sólo porque proviene de una farmacia.
Cuando alguien pierde el conocimiento, no responde, tiene dificultad para respirar, presenta convulsiones, dolor intenso en el pecho, confusión extrema o una temperatura corporal muy elevada, no es momento de esperar a que “se le pase”. Es necesario pedir ayuda médica de inmediato, informar con honestidad qué pudo haber consumido y no dejarle a solas. Decir la verdad al personal de salud puede salvar tiempo y una vida.
Chemsex: cuando el placer, el consumo y el tiempo se mezclan
La charla también entró en uno de los temas que más necesitamos abordar sin moralina: el uso de sustancias en encuentros sexuales prolongados, conocido en ciertos contextos como chemsex.
Para algunas personas, determinadas sustancias pueden aumentar la desinhibición, la euforia, la sensación de conexión o la duración del encuentro. Pero también pueden alterar la percepción del riesgo, dificultar la comunicación de límites, prolongar jornadas sin comida ni descanso y favorecer el abandono de medicamentos, incluidos los tratamientos antirretrovirales.
El problema no es hablar de placer. El problema es fingir que todo ocurre en condiciones ideales. En encuentros prolongados, el cansancio, la deshidratación, la falta de sueño y el consumo repetido pueden ir acumulándose hasta que alguien deja de reconocer sus propios límites. También puede ocurrir que la sustancia y la experiencia sexual terminen tan asociadas que resulte difícil imaginar el sexo sin consumir.
Ese no es un motivo para castigar ni avergonzar a nadie. Es una señal para detenerse y preguntar qué está pasando. Cuando el consumo comienza a desplazar el trabajo, el descanso, las relaciones, la economía, la salud mental o la capacidad de disfrutar sin sustancias, vale la pena pedir acompañamiento profesional.
La Organización Mundial de la Salud reconoce que las sustancias psicoactivas pueden modificar la percepción, el ánimo, la conciencia y la conducta, pero no todo consumo implica automáticamente dependencia. La diferencia está en los patrones, las consecuencias y la relación que cada persona desarrolla con la sustancia.
Cuidarnos también es una práctica comunitaria
Hay algo profundamente LGBT+ en esta conversación: durante décadas aprendimos a construir nuestras propias redes cuando las instituciones no sabían cómo acompañarnos.
Nos enseñamos dónde hacernos la prueba del VIH, compartimos información sobre PrEP y PEP, acompañamos diagnósticos y construimos espacios de fiesta donde podíamos ser nosotres, esa misma lógica comunitaria debe alcanzar la reducción de daños.
Cuidar significa preguntar cómo estás, no abandonarle cuando algo sale mal, respetar tus límites y pedir ayuda sin temor a “arruinar la fiesta”. Significa también hablar de consentimiento, porque una persona demasiado intoxicada, inconsciente o incapaz de comunicar lo que desea no puede sostener acuerdos sexuales claros.
La reducción de daños parte de que prohibir una conversación no elimina una práctica, solo la empuja hacia lugares más silenciosos, clandestinos y riesgosos. Por eso fue importante que este episodio se grabara en Tláhuac. La información sobre sustancias, salud sexual y bienestar no puede quedarse encerrada en la llamada “zona Ecobici”, en ciertos antros o en espacios accesibles únicamente para quienes viven cerca del centro. Descentralizar también es cuidar.
Desde Punto Sero no invitamos a consumir. Si una persona no consume, la opción con menor riesgo sigue siendo no comenzar, pero cuando alguien ha decidido hacerlo, merece información seria, servicios sin estigma y una red capaz de acompañarle.
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Y en una comunidad que ha sobrevivido gracias al cuidado colectivo, hablar con honestidad sigue siendo una de nuestras formas más poderosas de protegernos.
Tu salud también merece acompañamiento sin prejuicios
Si durante una fiesta o un encuentro sexual necesitas información sobre VIH, infecciones de transmisión sexual, uso de condón, PrEP, PEP o acceso a pruebas, acércate a los servicios de AHF México y AHF Latinoamérica y el Caribe. Sus equipos ofrecen orientación, pruebas de VIH y vinculación a servicios de salud de manera confidencial, respetuosa y libre de estigma. Buscar información, conocer tu estado serológico y pedir apoyo también forman parte de la reducción de daños y del cuidado colectivo. Consulta sus canales oficiales para localizar el centro de atención más cercano.
