Vivir con VIH desde mi bisexualidad

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Paty Retana

Es fundamental destacar cómo las mujeres dentro de la comunidad LGBTTTIQAP+ enfrentamos desafíos en relación con el VIH y la salud sexual.

Desde mi experiencia como mujer bisexual, soy testigo de cómo la educación sexual es un pilar fundamental de nuestro empoderamiento. En la actualidad, aprovechamos los logros de mujeres feministas que nos precedieron para hoy visibilizar pendientes.

En cuanto al VIH, es evidente el estancamiento en los esfuerzos para combatir el sida, especialmente para las mujeres dentro de nuestra comunidad. La proporción de mujeres afectadas aumenta, especialmente en entornos rurales donde el acceso a la salud es limitado.

Además, las mujeres LGBTTTIQAP+ nos encontramos en una situación desventajosa en términos de diagnóstico, tratamiento y apoyo. Biológicamente, somos más vulnerables a la infección debido a diversos factores.

La transmisión del VIH a través de relaciones sexuales es una realidad que enfrentamos, y es esencial hablar sobre la importancia del sexo seguro y la negociación de protección con nuestras parejas, independientemente de su género.

El estigma social es una barrera significativa, incluso dentro de nuestras propias comunidades. La falta de apoyo en nuestros círculos cercanos puede dificultar el acceso al tratamiento y el seguimiento médico necesario.

Es crucial destacar que los estudios científicos a menudo ignoran nuestras necesidades específicas como mujeres LGBTTTIQAP+ con VIH. La falta de consideración en el desarrollo de tratamientos y opciones médicas es una brecha que debemos cerrar.

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Sin duda, vivir con VIH siendo parte de la comunidad implica enfrentar múltiples obstáculos, desde la falta de educación sexual hasta la discriminación y la falta de apoyo integral.

Ya con diagnóstico, el apego a tratamiento resulta complicado porque desde lo más profundo se considera que el VIH es exclusivo en trabajadoras sexuales y en mujeres “malas” que ejercen una vida sexual activa, incluso desde la familia persiste el estigma, ya que diagnosticadas, ellas son segregadas aun cuando quien les transmite el virus es su pareja.

Sin embargo, la construcción de redes personales y comunitarias juega un papel fundamental en nuestra salud y bienestar. Es necesario seguir visibilizando nuestras realidades y luchando por el acceso a información, servicios de salud inclusivos y un entorno libre de estigma y discriminación.

En este reafirmo mi orgullo como mujer LGBTTTIQAP+ y mi compromiso de seguir trabajando por una comunidad más inclusiva y empoderada para todas nosotras.

Síntomas del VIH en mujeres

Unas semanas después de contraer el VIH, muchas personas tienen síntomas parecidos a los de la gripe por días o semanas. Estos síntomas pueden incluir fiebre, dolor de cabeza, cansancio y aumento de tamaño de los ganglios linfáticos en el cuello y la zona de la ingle. Sin embargo, otras personas pueden ser asintomáticas.

Aunque las personas con VIH se sientan sanas, el virus afecta su cuerpo. Una vez que el VIH entra y ataca a un gran número de células CD4+ y se extiende con rapidez por todo el cuerpo y llega a varios sistemas de órganos.

Durante este periodo inicial, el VIH está presente en grandes cantidades en los fluidos genitales y en la sangre, y puede transmitirse a otras personas. 

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